Montones de moluscos pegados a las rocas me recuerdan mi infancia, cuando salía a mariscar con mis amigos en la playa. Las distintas conchitas se aferran con fuerza esperando el verano: tal vez pronto un niño lo tome entre sus manos como un tesoro y lo lleve a su balde para mostrárselo a sus hermanos.
Las gaviotas y demás aves marinas miran el horizonte conmigo. A ratos intentan volar contra el viento helado, pero su ruta es desviada. Nos sentamos en las rocas a mirar el atardecer, pero no se ve nada, hay demasiadas nubes.
Emprendo el camino de regreso entre conchas, pozas de agua, algas y olores del mar. Entre las rocas y la arena asoma un pequeño verdor. Me acerco y veo una hermosa flor silvestre. No hay paisaje triste que no traiga consigo un poco de alegría.
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Las imágenes fueron tomadas por mi, en El Quisco, Chile, durante abril de 2011. |
Me gustó tu crónica poética y tan llena de melancolía, todo lo que un corazón necesita para sanar es tiempo, lo cual es la lesera más inútil que uno le puede decir a alguien...y la más verdadera a la vez.
ResponderEliminarAsí como no hay paisaje triste sin esperanza no hay luz si no existe la oscuridad...deseo que tengas una bonita semana, que sorpresas te hagan sonreír y sentir bien porque eres buena y lo mereces.
Me gustó toda la entrada, las fotos y lo que escribiste. Me gusta mucho más la playa en invierno, es más personal, no sé.
ResponderEliminarCariños (:
Jose! Mil tiempo sin pasar por tu blog. Me encantaron las fotitos del Quisco :) yo voy seguidito a Algarrobo y de vez en cuando me paso por ahí, pero tampoco muy seguido :P recuerdo una vez que fui a almorzar y luego a la feria artesanal y sería! jajaja pero muy bellas tus fotitos :)!
ResponderEliminarte vuelvo a seguir ahora que me creé un nuevo blog
Besitos!