Cuando viajé a Lima tenía muy presente que vería montones de iglesias, pues varias personas que habían viajado por esos lados, me habían comentado de las maravillas arquitectónicas de la ciudad. Sin embargo, cuando comencé a pasear y descubrir en pequeñas calles inesperadas iglesias, realmente quedé sorprendida: ¡Eran muchas más de las que esperaba!
Al mirar las iglesias desde fuera, los detalles de la arquitectura barroca nos dejan boquiabiertos, delatando nuestro estado de extranjeros, pues la gente que ya está acostumbrada a caminar por las calles limeñas no se detiene a contemplar hipnotizada (como me ocurrió cada vez que descubría un nuevo templo) estas verdaderas obras maestras que están a su paso.
El espectáculo exterior aumenta considerablemente cuando ingresamos a los templos: en algunos casos, estrechas fachadas esconden un espacioso y oscuro interior, lleno de lujosos adornos e imágenes de santos rodeados de flores. Para aquellos que alucinen con el fetichismo religioso, la visita a estas iglesias es obligada: incluso hay huesos de santos a la vista de los feligreses. Lamenté no poder sacar fotos al interior de estos lugares para poder compartir, pero espero que esto sea una excusa más para animarlos a conocer esta hermosa ciudad.



Cuando visité la Iglesia de San Francisco tomé conciencia de lo mucho que cuidan este patrimonio arquitectónico: una inmensa cúpula de madera tallada se destruyó con uno de los terremotos que ha sufrido la ciudad. En vez de dejarlo así o construir algo nuevo, se dedicaron a rearmar la parte que había caído. Quedó prácticamente idéntica a la original. Un gran ejemplo para países como Chile, cuya ideología es “destruir y volver a poner algo nuevo encima”. Y después nos preguntamos por qué no tenemos identidad nacional. Bueno, ahí hay una posible respuesta.
Aquí les dejo una foto de la Iglesia de San Francisco, que es conocida por las catacumbas que se encuentran bajo ella (visita imperdible), además de una biblioteca espectacular (con unos 25.000 volúmenes, ¡Imagínense!), salas de coro, colecciones de arte y enormes salones.
Iglesia de San Franciso, Lima, Perú, 2010.
Los pequeños puntitos negros que se ven en sus paredes,
son palomas posadas en los calados que adornan las paredes de esta iglesia.
Afuera de las iglesias, a la hora de las misas, se colocan señoras con carritos vendiendo recuerdos religiosos, postales de santitos, prendedores y otras cositas con motivo católico. No pude dejar de llevar mi “recuerdito”: un Sagrado Corazón con una cintita roja y prendedor.
Después de conocer Lima, mi obsesión por las iglesias aumentó. Al igual que con los cementerios, creo que estos lugares se deben leer como espacios que hablan de la historia de una sociedad y sus maneras de comprender la vida y la muerte, y cómo estas han cambiado (o no) con el tiempo.